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jueves, 31 de julio de 2014

DIE TRIBUTE DER A.L.F



DIE TRIBUTE DER A.L.F  “Frente de Liberación Animal”
Con el Honor y el Respeto que se merecen “Barry Horne” y  todos los que dieron sus vidas por esta noble causa.






PatoAlf. Frente de Liberación Animal MDP, Psicología

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JAPANESE WHALING

Japanese Whaling Crew Eaten Alive By Killer Whales, 16 dead -

A Japanese whaling crew has fallen victim to a dramatic full on assault by a school of killer whales, killing no less then 16 crew members and injuring 12, has reported the Japanese Government this morning.

The crew of the MV Nisshin Maru (日新丸), Japan’s primary whaling vessel and the world’s only whaler factory ship, was forced to leave the deck temporarily as a gas leak was detected within the ship’s processing factory that resulted in the ship being temporarily disabled all while continuing to carry approximately 1,000 tons of oil.

The resulting panic lead members of the ship to jump off the boat before proper emergency procedures were taken and lifeboats had been set to sea. The swimming crew members were then ferociously attacked by a school of killer whales, that decimated a large number of the crew within moments. “It was horrific” claims Asuka Kumara, a mechanical engineer who witnessed the gruesome scene. “The water was red with blood, there were bodies everywhere” he recalls in tears.








The incident occurred in the Southern Ocean Whale Sanctuary, near the South Eastern Coast of South Africa, a controversial area to be whaling as a recent international court ruling has ordered the country to ends its whale hunt in the Antarctic. The East Asian nation halted its annual Antarctic whaling mission after the U.N.’s International Court of Justice (ICJ) ruled last march the hunt violated an international moratorium on commercial whaling.

Japan has slaughtered over 6,000 whales since commercial whaling was made illegal by the International Whaling Commission (IWC) moratorium passed in 1986. 


PatoAlf. Frente de Liberación Animal MDP, Psicología 


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martes, 29 de julio de 2014

¿ LA ENVIDIA es "CAPITAL" EXCLUSIVO DE LOS HUMANOS?

CUANTO MÁS CONOZCO A LA GENTE..

Definición: La Envidia es considerado como un pecado capital porque genera otros pecados. El término "capital" no se refiere a la magnitud del pecado sino a que da origen a muchos otros pecados y rompe con el amor al prójimo que proclama Jesús.
San Gregorio Magno (540 en Roma12 de marzo de 604), fue el sexagésimo cuarto Papa de la Iglesia católica romana; fue quien seleccionó los siete pecados capitales, y se mantuvo por la mayoría de los teólogos de la Edad Media.
Dante Alighieri en el poema de El Purgatorio, define la envidia como "Amor por los propios bienes pervertido al deseo de privar a otros de los suyos." El castigo para los envidiosos es el de cerrar sus ojos y coserlos, porque habían recibido placer al ver a otros caer. En la edad media el famoso cazador de brujas, el cardenal Peter Beasbal le atribuyó a la envidia el demonio llamado Leviatán, un demonio marino y que era sólo controlado por Dios.

La envidia en el psicoanálisis

En el ámbito del psicoanálisis la envidia es definida como un sentimiento experimentado por aquel que desea intensamente algo poseído por otro. La envidia daña la capacidad de gozar. Es el factor más importante del socavamiento de lo sentimientos de amor, ternura o gratitud. La envidia es un sentimiento enojoso contra otra persona que posee o goza de algo deseado por el individuo envidioso, quien tiene el impulso de quitárselo o dañarlo. A diferencia de los celos, que se basan en el amor y comprenden un vínculo de por lo menos tres personas, la envidia se da de a dos y no tiene ninguna relación con el amor. La persona envidiosa es insaciable porque su envidia proviene de su interior y por eso nunca puede quedar satisfecha, ya que siempre encontrará otro en quien centrarse.


Según:  Juan José Ruiz Sánchez 

 ¿ Cuáles son los orígenes y causas de la envidia?

Por lo pronto, ha que situarse su origen en las experiencias del niño/a en su tierna infancia. Algunos psicoanalistas como M. Klein (1957) considera que la envidia tiene su raíz en el primer objeto de importancia para el niño: su madre. El niño distingue entre el “pecho bueno” cuando su madre le amamanta y sacia su deseo de hambre, y el “pecho malo”, cuando su madre frustra su deseo de saciarse; siendo esto universal y relativamente dependiente de los cuidados que realice la madre. De hecho, otros autores han insistido más aún en el papel de las primeras experiencias de frustración del niño (Ferenczi, 1913; Rank, 1924). El psicoanalista español Guerra Cid (2004, 2006) afirma que en la  historia personal de quién padece envidia aparece una intensa frustración que aumenta cuando el otro tiene lo que el anhela. Ese deseo, salvo en personas con mentalidad mas simple, no suele ser de las cosas materiales que el otro posee, sino mas bien de sus cualidades que le permiten tener la admiración y bienes materiales.

El gran envidioso suele desear, fantasear y hasta llevar a cabo, acciones de prejuicio o destrucción dirigida al envidiado. Es un ser amargado incapaz de aceptar sus limitaciones, al que habría que aplicarle el refrán tradicional de “Dime que envidias y te diré de qué careces”.  La persona con envidia suele utilizar una curiosa “racionalización” para mantener su estado de envidia: argumenta que en su vida ha tenido mala suerte y que el envidiado, por el contario, ha sido agraciado por la buena suerte. 
Si se mira despacio en la vida del envidioso suelen ser frecuentes las experiencias de múltiples fracasos en su vida amorosa, laboral y social;  y no precisamente a causa de la mala suerte sino por no contar con numerosas variables de la realidad para tomar sus decisiones, precisamente por su baja tolerancia a la frustración y su deseo de tener las máximas satisfacciones en el plazo mas inmediato. Desde esta óptica, la “envidia sana” no existe, solo hay una y es “patológica”.

El carácter enfermizo de la envidia ha sido considerado incluso en la tradición escolástica tomasiana. Según el psicólogo tomista Martin Echevarria (2005), la envidia es una forma enfermiza o viciosa de la tristeza desordenada que deriva de la vanagloria de querer tener siempre más y de poseerlo todo; y que tendría dos causas (siguiendo al aquinate): una intelectual o cognitiva (desconocimiento de los propios limites y cualidades) y otra afectiva (el temor a fallar en lo que se considera que supera las propias capacidades).
También en muchos casos se añaden verdaderas tradiciones familiares de envidiosos que educan al niño en el resentimiento hacia el envidiado. Si en ese ambiente familiar y hasta escolar, se  prima mucho comparar al niño con las cualidades de otro, la envidia estará servida y el daño al niño realizado.

Pero sin duda, uno de los psicólogos y psiquiatras  que más han estudiado la envidia ha sido Alfred Adler. Para este la envidia se configura en una atmósfera familiar infantil donde prima la competitividad y donde la rivalidad entre los hermanos es frecuente. Los niños mayores y menores suelen ser los mas vulnerables a la envidia en ese contexto,. El hermano mayor porque ha sido “único” objeto de privilegio y atenciones, y ahora se ve “destronado de su reinado” por la venida de otro hermanito con el que rivaliza; y puede recurrir a “apaños” como “ser ahora muy malo”, “orinarse encima” y otras estratagemas conscientes e inconscientes para recuperar el trono de atenciones y afectos perdidos. También el menor porque suele ser objeto de mimos y protección excesivas que cuando sale del ambiente familiar habitual tiene que afrontar un mundo despiadado, difícil y frustrante.

Y, por último, podríamos, hablar que la envidia no solo como afecto, sino como una forma de conducta, y hasta como forma de conducirse por la vida que no solo tiene sus “causas”, sino también sus efectos, consecuencias o funciones finalistas” (Marino Perez, 2004). La envida desde esta perspectiva cumple un papel social relacionado con la “función de regulación del poder”.
Habría que distinguir aquí entre una “envidia mimética” donde no solo es importante el objeto del deseo para el propio envidioso; sino que el objeto del deseo es aún más deseable cuanto mas sea deseado por otros. La función aquí es orientar  los objetos que son deseables y valiosos según la sociedad del momento en cuestión. En la sociedad de consumo esos objetos del deseo son “creados continuamente” sin remitir a necesidades reales, y tienen un claro exponente en los medios de comunicación y la publicidad.

Y, por otro lado, estaría la “envidia maléfica” donde se desea que el otro pierda lo que tiene sin que sea necesario tenerlo uno mismo. En este caso. la envidia está muy relacionada con las comparaciones sociales con otros donde el “rebajamiento del otro” cumple con la función o finalidad de la propia afirmación; operando en una especie de equilibrio tanto real como imaginario. El hecho es que ambas formas de envidia pueden convivir en la misma persona y sociedad. Incluso hay quien “provoca” la envidia en otros haciendo “ostentación” de bienes materiales o cualidades como una forma de sentirse superior al envidioso.

En suma, afirma Marino Pérez (2004), para que se dé la envidia tiene que haber una serie de causas antecedentes: Incluyen la presencia de objetos deseados que pertenecen a otros, desigualdades que hacen evidente la inferioridad de otros casi siempre próximos y/o el afán insaciable de igualdad en sociedades democráticas; y una serie de consecuencias o funciones: orientar a objetos de consumo social deseables, equilibrio real o imaginario de la propia inferioridad y/o sentimiento de superioridad ante el otro.

¿Tiene remedio o solución la envidia?

Para la opinión del psiquiatra cordobés Castilla del Pino (2000) la envidia es intratable e incurable. Para otros especialistas el asunto no es tan pesimista, pero debe contar con varias condiciones. Para la persona que ya esta en tratamiento (y no precisamente por admitir su envidia como apuntábamos al principio) esta debe de admitir su propia identidad, con sus limitaciones y cualidades; lo que conllevara “resistencias y  defensas frecuentes” y será un trabajo psicológico duro y difícil, pero no imposible. Para los padres y educadores será  muy importante en plan preventivo trabajar las conductas de solidaridad y cooperación desde las primeras fases de la vida de lo niños; aquello que Alfred Adler llamó “sentimiento de comunidad o interés social” (Ruiz, Oberst y Quesada, 2006). Pero bien es cierto que la sociedad en general no está por esa labor y el “complejo de Caín” seguirá haciendo mucho daño a esta y a las próximas generaciones, por lo que el trabajo es inacabable.


Cuanto más conozco a la gente, más quiero a los animales!!


Según Laracca hay: Tipos de envidia
 
Pueden hacernos sentir envidiosos numerosas cualidades de otras personas: su talento, su juventud, su renombre, su belleza, sus posesiones y hasta su virtud. Tener todo de lo que carecemos tener, anhelamos y no podemos gozar.
El sabio Baltasar Gracián escribió en su Arte de la prudencia (1647): "No hay venganza más insigne que los méritos y cualidades que vencen y atormentan a la envidia [...] Este es el mayor castigo: hacer del éxito veneno".
La forma más conflictiva de envidia es, sin duda, aquélla que se dirige hacia las personas que, simultáneamente, uno ama --- como la del padre al hijo --- o del hijo al padre. Es este tipo de envidia el que tiende a sumergirse con mayor vigor en el Inconsciente, porque amenaza con destruir precisamente aquello que valoramos más de nosotros mismos: nuestras representaciones buenas y nuestros sentimientos amorosos.
Es común que un sujeto sienta envidia, en alguna de sus numerosas manifestaciones, hacia alguien y, simultáneamente, profese adoración despreocupada hacia otra persona. Se trata de las dos caras de una misma moneda. Este fenómeno es consecuencia del mecanismo psicológico de la escisión, al que suele añadírsele la defensa psicológica de la racionalización, que permite al sujeto dar cuenta de por qué cierta persona con atributos superiores es merecedora de descalificaciones, mientras que otra lo es de adhesión incondicional.

La Envidia Profesional

La envidia entre los seres humanos suele aumentar de modo directamente proporcional a la similitud de sus circunstancias y, por tanto, se acentúa entre los hermanos, tanto de sangre, como de profesión. Recordemos, por ejemplo, a aquellos envidiosos astrónomos que no se dignaron siquiera a mirar por el telescopio de Galileo, o a aquellos científicos que rehusaron asomarse al microscopio de Malpighi, objetando que se trataba de un aparato para deformar la Naturaleza, obra de Dios. En Medicina, mencionemos el caso de aquellos médicos vieneses de finales del siglo dieciocho, que no sólo se negaron a examinar a los pacientes curados por Franz Anton Mesmer, sino que afirmaron públicamente que tales curaciones se debían a que los pacientes por él tratados ¡nunca habían estado enfermos! Mesmer recibió amenazas de muerte. El mismo decano de la Facultad de Medicina le aconsejó que, para aminorar la envidia que su fama producía, mantuviese secretas sus espectaculares curas. No le sirvieron a Mesmer de mucho las advertencias ni sus propias estrategias, y acabó tenido que huir de Austria


Otro famoso médico que, unas décadas más tarde, también tendría que abandonar Austria acosado por la envidia profesional fue Ignaz Semmelweiss. Este gran obstetra, descubridor del origen de las fiebres del puerperio, demostró concluyentemente que la adopción de medidas de asepsia por parte de los médicos que examinaban a las parturientas hacía que se redujera dramáticamente la mortalidad de éstas, que en las clínicas universitarias de la ilustrada Viena ascendía hasta un veinticinco por ciento a mediados del siglo diecinueve. Su jefe Johann Klein, envidioso de su éxito, vetó su ascenso a profesor adjunto y dificultó tanto su trabajo en la clínica, que Semmelweiss se vio forzado a regresar a su Hungría natal. Donde corriera la misma suerte.

Cuando William Harvey comunicó en una conferencia sus revolucionarios experimentos, que más tarde publicaría en De Motu Cordis (1628), se previno de la siguiente manera: "Lo que ahora debo deciros a propósito de la circulación de la sangre es tan nuevo y tan inédito, que temo no sólo concitarme la envidia de muchos, sino que incluso tiemblo pensando que toda la Humanidad se revuelva contra mí". El descubridor de la circulación sanguínea se sintió atemorizado ante la posibilidad de que el cambio de paradigma científico que estaba propugnando desencadenase contra él el odio envidioso. No hace falta salir de nuestras fronteras para hallar ejemplos históricos de envidia entre médicos


Frente de Liberación Animal, Argentina
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