ANIVERSARIO 119 DE ANNA FREUD (1895-1982)
vino al mundo en Viena el 3 de diciembre de 1895
Sigmund Freud saltaba de un apodo
a otro para dirigirse a Anna Freud, su sexta hija, la más pequeña de todas. La
llamaba Annerl, pero también «demonio negro» por su carácter díscolo y
excéntrico en el seno familiar y, en ocasiones, se refería a ella como Anna
Antígona, en referencia a la hija que guía a Edipo al final de sus días,
convertido en un mendigo ciego y errante. Porque pese a lo que muchos se
empeñaron en creer, Anna Freud no traicionó la herencia teórica de su padre,
orgulloso de su discurso y del rumbo pedagógico que tomaron sus estudios
psicoanalíticos. «Me regocija poder decir que al menos mi hija Anna Freud se ha
impuesto este trabajo como la misión de su vida, reparando así mi descuido»,
manifestó públicamente en una ocasión el padre del psicoanálisis.
Y es que Anna Freud se propuso el
reto -y lo cumplió- de ahondar, contemplar, estudiar y sacar conclusiones
contundentes de esa arista del psicoanálisis que dejó su padre sin pulir, de
ese «descuido», de esa «traición» a la pureza de la práctica terapéutica
fundada por su progenitor: su aplicación a la educación de los niños. El amor
padre-hija de Sigmund Freud y Anna Freud fue al principio descompensado. Anna
llegó la última, no había sido deseada y las fuentes que abordan la figura de
la austríaca recalcan que, durante sus primeros años de vida, despertó poco
interés en el ámbito de la familia en general y en su padre en particular. El
cariño fluía de forma completamente diferente en la otra dirección. Anna
siempre admiró al aclamado neurólogo, intentó sin éxito estudiar medicina -como
todas las mujeres de su época, acabó desistiendo en su empeño por pisar la
universidad- y, a los 23 años, se prestó como objeto de análisis para el
prestigioso doctor.
El psicoanálisis trazó, por tanto, un vínculo sólido y emocional entre
ambos. El austríaco sentía un amor narcisista por Anna Freud, amilanó a sus
posibles pretendientes por miedo a que pudieran privarlo de ella y, sobre todo,
a que pudieran mermar su interés en el aprendizaje y se cree que, como mínimo,
le aplicó terapia de forma informal en dos ocasiones, dos episodios que
constituyen los más controvertidos, por emocionales, del intelectual. El
problema del estudio de Sigmund Freud a Anna Freud es que no se trató de un
análisis didáctico, encaminado a formar a la futura analista que más tarde
llegaría a ser su hija, dedicada en cuerpo y alma a la terapia de niños y al
concepto del «yo», sino que se centró, sobre todo, en buscar una cura a
determinados sueños violentos y fantasías, consecuencia de una baja autoestima,
que dejaban a Anna agotada, incapaz de tomar decisiones.
Freud, como analista, le pidió a
su hija que volcase ante él todos sus sentimientos hostiles y amorosos, y,
teniendo en cuenta que el austríaco es el máximo defensor del complejo de
Edipo, este análisis resultó más que polémico, considerado incluso negligente,
en su historial de investigaciones. Anna Freud, por su parte, asumió de tal
forma las insignias de su padre que rechazó hasta su propia sexualidad. Vivió
una vida ascética, dedicada al amparo y al estudio de los niños que carecen de
cuidados esenciales. Consiguió con esfuerzo instaurar centros de acogida para
menores huérfanos y traumatizados a consecuencia de las dos grandes guerras que
durante la primera mitad del siglo XX asolaron Europa, fundó en Londres -donde
recaló acompañando a su padre, que huia del exterminio nazi- una clínica para
niños y puso en marcha un centro de formación de psicoterapeutas en
psicoanálisis infantil.
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Anna Freud.
Plaque erected in 2002 by English Heritage at 20 Maresfield Gardens, Hampstead,
London NW3 5SX, London Borough of Camden
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Anna Freud, nacida en Viena en
1895 -el año en el que, tal y como señala su biógrafa, su padre hizo el
descubrimiento de la interpretación de los sueños-, acabó de perfilarse como la
gran psicoanalista que llegó a ser una vez que Sigmund Freud falleció. Junto a
su amiga Dorothy Burlingham llevó a cabo un iniciático experimento educativo
entre 1940 y 1945 en las guarderías residenciales de guerra sobre los factores
psíquicos en el desarrollo infantil. De sus estudios posteriores extrajo
conclusiones como que en el niño, a diferencia de en el adulto, están ausentes
la conciencia de la enfermedad, la resolución espontánea de analizarse y la
voluntad de curarse. Anna Freud falleció el 9 de octubre de 1982.
PatoAlf. Frente de Liberación
Animal MDP, Psicología.
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