Hoy 29 de Abril es el día de los Animales
Es un buen día para recordar a un hombre que hizo todo por
ellos. Naoto nos demuestra que si una persona quiere ayudar de verdad, no hacen falta tantas palabras, discursos políticos, aferrarse a algún dogma, o seguir a un gurú, sólo
se necesitan acciones. Él es un ejemplo de vida, por su altruismo, empatía, coraje y valor.
Se olvidó de sí mismo y poniéndole el pecho y el alma enfrentó la dura realidad
que le tocó vivir. Naoto Matsumura es de Tomioka, Japón. Sintió que tenía una
responsabilidad y se comprometió a dar la vida por los animales abandonados en
esa ciudad. Naoto Matsumura, más conocido como el guardián de Fukushima, posee
un corazón generoso y compasivo hacia la naturaleza.
El 11 de marzo de 2011 se produjo en la costa noreste de
Japón un terremoto seguido de un tsunami que provocó una gran explosión en la
central nuclear de Fukushima. En el momento del accidente nuclear la central
disponía de seis reactores, tres de ellos en funcionamiento. Fue imposible
enfriarlos, porque la red eléctrica no funcionaba. Lo mismo sucedió con los
motores de diésel, estropeados por el tsunami. Ante el riesgo de fuga de
material radiactivo, el Gobierno ordenó la evacuación de la zona. Ese día fue
el final de la ciudad de Tomioka, conocida por sus hermosos cerezos en flor,
sus bulliciosas estaciones de tren y su rica vida cultural. En Tomioka vivían
16.000 personas, que fueron evacuadas. Apenas les dieron tiempo para recoger
sus cosas. De repente, la ciudad alegre y llena de vida se convirtió en una
ciudad fantasma.
En esas horas trágicas, Naoto Matsumura huyó junto a su
familia a Iwaki para alojarse en casa de unos parientes, pero estos rechazaron
acogerlos por miedo, lo que motivó que emprendieran viaje hacia los refugios
habilitados para la población evacuada. Todos menos Naoto, que decidió regresar
a Tomioka. La razón: no quería abandonar a los animales de la granja de su
familia. Cuando le preguntan si tuvo miedo o qué sintió al regresar a la
ciudad, Naoto responde: «Claro que tuve miedo, al principio no sabía que la
radiación se había extendido por todas partes. Lo siguiente que pasó por mi
mente fue que si me quedaba ahí podía acabar desarrollando cáncer o leucemia.
Pero pasado un tiempo me di cuenta que los animales estaban sanos y pensé que
podíamos estar bien».
Naoto empezó alimentando a los animales de su familia, pero
enseguida vio que había muchos animales abandonados: perros y gatos encerrados
en las casas sin poder salir, vacas, cerdos, ponis y hasta un avestruz. Cuenta
Naoto que cuando escuchaban el sonido de su camión se ponían a ladrar o a
maullar, y los que estaban sueltos se acercaban desesperados en busca de comida
y agua. Conforme fueron pasando los días, Naoto fue inspeccionando la zona para
realizar después una ruta: una ruta para administrar alimentos y cuidados a todos
los animales que habían sido abandonados por sus dueños, sin tiempo para
llevárselos ni para negociar con el Gobierno una solución. Cuarenta kilómetros
de área aislada. Cuarenta kilómetros donde cientos de animales abandonados a su
suerte, sin agua ni comida, perecían lentamente.
Muchas vacas murieron de
inanición, atrapadas en las granjas. Los gusanos y moscas cubrían sus cuerpos,
un olor putrefacto salía de los graneros. Una de las peores escenas que
Matsumura recuerda fue cuando encontró vivos a una vaca y a su ternero. La vaca
estaba tan delgada que era un saco de piel y huesos. El ternero lloraba
desesperado, tratando de acercarse a ella para mamar, pero como no podía
alcanzarla se quedó chupando paja sucia como si fueran los pezones de su madre.
Ninguno de los dos tenía fuerzas para ayudar al otro. Estaban extenuados.
Matsumura los alimentó y cuidó, y poco a poco se recuperaron.
Los recursos de Matsumura eran limitados, le resultaba
imposible alimentar a tantos animales, así que, provisto de un equipo de
energía solar, al no haber electricidad en la zona, decidió conectarse a
internet y abrir una página en Facebook
para contar al mundo su situación y pedir ayuda. Desde entonces, centenares de
personas donan alimentos para que Naoto pueda seguir con su misión.
Periódicamente helicópteros descargan víveres en zonas concretas, lo que hace
posible su supervivencia. Las vacas que antes estaban encerradas en las granjas
y que eran un saco de huesos, ahora viven libres en una zona verde que Naoto ha
vallado con tuberías y material que va encontrando.
El Gobierno japonés le ha prohibido permanecer en la zona.
Uno de los motivos es que Naoto, desde las redes sociales o a través
entrevistas que realiza a importantes medios de comunicación, como CNN,
denuncia el peligro de la energía nuclear, la forma en la que se llevó a cabo
la evacuación o la muerte masiva de cientos de animales por inanición, o
directamente por el Gobierno, cuando en mayo de 2011 ordenó matar a cientos de
vacas. También denuncia la situación en la que se encuentran los habitantes de
Fukushima, que continúan viviendo en refugios y que son discriminados cuando se
conoce su procedencia. Miles de personas que siguen a día de hoy sin saber si
podrán volver alguna vez a su hogar y que son silenciadas por la
Administración.
Las pruebas médicas realizadas a Naoto revelan que está
«completamente contaminado». Pero él niega irse. Entre otras cosas dice que
alguien tiene que explicar lo que está pasando, porque no hay información sobre
cuándo se llevará a cabo la descontaminación de la zona: «No quiero morir
dentro de quince o veinte años de alguna enfermedad provocada por la energía
nuclear en un refugio aislado de Japón. Quiero morir en mi ciudad natal, cuidar
de los animales, y quiero que el mundo entero sepa lo que ocurre en Fukushima».
Naoto no bebe agua ni consume productos de la zona. Los víveres le son suministrados
desde el exterior.
El enorme sufrimiento humano y las devastadoras
consecuencias sobre sus vidas han sido documentados, pero hay otra población
que ha sufrido doblemente y de la que nadie habla: los animales que,
abandonados en una zona de exclusión radiactiva, fueron condenados a una muerte
agónica. Solo un hombre permanece a su lado. Un hombre de pelo blanco y sonrisa
insomne que día a día construye sobre la desolación pequeños paraísos.
Para Mayu Nakamura, director de la película Solo en
Fukushima, Naoto ha creado su propio Edén. Durante un año, Nakamura ha filmado
cómo transcurre la vida, el día a día de este hombre extraordinario.
Por medio de un crowdfunding, el director de cine y su
equipo recaudaron dinero para la realización del documental que acaba de
estrenarse. Muchos gobiernos, especialmente al de Japón, no les interesa que se
conozca la historia de Naoto Matsumura, por eso la distribución en el país está
siendo difícil. Naoto, su amor y respeto a la naturaleza, su bondad y su
denuncia pública se han convertido en un símbolo. Gracias a las entrevistas, a
la actividad que desarrolla desde su ordenador, a las veces que se escapa del
área evacuada para protestar micrófono en mano por la actuación del Gobierno
japonés, pero, sobre todo, gracias al documental Solo en Fukushima, su historia puede conocerse cada vez más,
rompiendo el cerco de silencio que la Administración intenta imponer. Es
importante que países de todos los continentes y organizaciones ecologistas y
humanitarias se interesen por este documental para que pueda exhibirse en todo
el mundo.
“En cuanto a la adversidad, difícilmente la soportarías si
no tuvieras un amigo que sufriese por ti más que tu mismo.” dijo Cicerón y Naoto fué y es, ese amigo de gran corazón que da su vida por los animales, a cambio de nada.
PatoAlf. Frente de
Liberación Animal MDP, Argentina.
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